domingo, 8 de marzo de 2009

Monstruos de Papel: El Hombre Lobo


De entre todas las criaturas legendarias, de entre todos los Terrores de papel o celuloide, el Hombre Lobo debe convivir con unas características muy especiales. Si bien Frankenstein es como le han hecho, si Drácula es en lo que se ha convertido o el Doctor Jekyll es lo que ha querido ser, el Licántropo es un ser enfermo, preso de una maldición, incapaz de luchar contra su naturaleza y condenado a vivir siempre a merced de los caprichos de la luna y del instinto voraz de un depredador sin escrúpulos.

El Hombre Lobo es un ser desdichado, confuso, un espíritu incomprendido cuya única esperanza, a menudo, solamente puede ser la muerte.

A la hora de etiquetar al Hombre Lobo es difícil colocarlo en la casilla de Monstruos de Papel o de Celuloide. Cierto es que no hay ninguna novela dedicada en exclusiva al Hombre Lobo que haya alcanzado fama mundial y al que este ser deba su existencia. No es Drácula o Frankenstein. Pero también sería injusto tildarlo simplemente de Monstruo de Celuloide, obviando así toda una larga lista de apariciones e intervenciones tanto en la literatura como, sobretodo, en el folclore popular.

Las leyendas sobre seres humanos que se convierten en lobo o en otro animal por efecto de la luna o de cualquier otra maldición, se remontan tan atrás en el tiempo como el mito de los vampiros, con quienes el Hombre Lobo está muy emparentado. Ya Herodoto habló de una tribu capaz de convertirse en lobo a voluntad y existen leyendas sobre licántropos en prácticamente todos los países del globo. ¿Por qué? ¿Sólo casualidad? Lo cierto es que su existencia es uno de los mitos más universales.

¿Por qué el lobo? No termina de verse claro. Por su fuerza, por su inteligencia... El lobo es un animal temido y respetado en cuanto a ladrón de ganado, depredador de aldeas, perrazo enorme con colmillos como púas. El lobo puede acechar de noche, ser sigiloso, y escabullirse entre las sombras. Supongo que en la antigüedad del mito se encuentra su explicación. Sería raro que una leyenda así surgiera hoy en día, en la modernidad de una gran ciudad. Hoy, que los vampiros beben sangre embotellada, el Hombre Lobo visitaría periódicamente al psiquiatra -o al veterinario, no sé-, llevaría en el bolsillo su botecito de pastillas antimaldiciones licántropas y se haría la fotodepilación en Dermoestética. Pero hace unos siglos, en época de tienieblas y miedo a lo desconocido, el Hombre Lobo era el Rey.

Los motivos por los que un hombre o mujer se transforman en lobo en ocasiones, varían según las culturas y sobretodo según la época. Si antaño se creía en la magia y en las maldiciones como origen del mal, con la llegada de la ficción moderna se depositaron todas las culpas en la luna. Así, el licántropo se convirtió en un tipo normal, huraño y aislado pero no peligroso, que tras ser mordido por un lobo, con la llegada de la luna llena pierde el control sobre su mente y su cuerpo y sufre una dolorosa transformación.

Sobre el aspecto del Hombre Lobo también hay severas discrepancias. Para uno el hombre pierde toda su condición humana y queda convertido completamente en lobo. Cuadrúpedo y lleno de pelo, me refiero. Un perro enorme. Sin embargo para otros la tranformación es más sutil, aunque mucho menos estética, y el Hombre Lobo no sería más que un tipo muy feo y desgarbado con las manos, la cara y demás recubiertos de vello. Y eso sí, muy malas pulgas.

Esta es la versión que tenemos por más popular en parte debido al cine, supongo porque queda mejor en pantalla o porque mole más tener a un Benicio del Toro, Jack Nicholson o Lon Chaney Jr. debajo de todo ese maquillaje. Yo por mi parte prefiero la transformación completa, aún corriendo el riesgo de chapuzas digitales como en Underworld o en Van Helsing. Pienso que un licántropo es eso, un humano que se convierte en lobo. Es el Hombre Lobo, no el Hombre Peludo. Es como si el vampiro, al convertirse en murciélago, lo hiciera en un quiróptero de metro ochenta con camisa y pantalones rotos. Sería raro. ¿Me explico?


En lo qué sí que parecen ponerse de acuerdo las leyendas más tradicionales y la ficción actual, ya sea cine o literatura, es en la manera de librarse de la maldición. Hay dos: o utilizar una serie de ensalmos, rituales, brebajes o amuletos, que no suelen dar un resultado aceptable a la larga, o la solución definitiva, que el bicho la palme.

Y aquí es donde entra, como en todos los seres montruosos de leyenda, el juego laxo pero fructífero de cómo hay que matar al sujeto. Está formalmente extendido y aceptado que al Hombre Lobo sólo le afecta la plata, pero aquí ya vale de todo, pueden ser balas, espadas, palos o cuchillos de pelar patatas.


Algo de lobo creo tener yo también, porque estoy seguro de que si me disparan con balas de plata me matan. Pero lo que nunca he sido capaz de entender es que si el Hombre Lobo en el fondo es un tipo normal, enfemo o maldito pero no es Superman, por qué coño no se le puede matar con balas normales, prendiéndole fuego o cortándole la cabeza. Que no me imagino yo al licántropo cazando por ahí en las noches de luna llena si yo tengo su cabeza rebanada guardadita en una lata.

Pero en fin, esa es la riqueza del mito. La grandeza de un Monstruo universal que lleva tantos siglos dando guerra por ahí que no me va a extrañar lo de la plata.


Para concluír, pienso que deberíamos reivindicar entre todos el papel del Hombre Lobo en la cultura popular, en especial en el Terror popular. Porque vale que no tendrá el encanto de Drácula o la fuerza de otros mitos, no tiene una montaña de novelas magníficas a sus espaldas, como sí le sucede a los vampiros o a los muertos vivientes, y las películas sobre licántropos nunca terminan de despegar y convertirse en grandes éxitos. Sin embargo el Hombre Lobo forma parte del imaginario del Terror como miembro de puro derecho, participa como secundario en casi todas las grandes sagas, desde Harry Potter a Crepúsculo y en un sin fín de filmes y novelas.

Quiero un voto de apoyo para uno de los grandes Mitos del Terror y que no quede siempre a la sombra de vampiros o maltratado por las garras digitales del cine de Hollywood.


El Hombre Lobo de Benicio del Toro y Underworld 3: La Rebelión de los Licántropos serán buenas oportunidades de comprobarlo.

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